Adoración eucarística
Una hora en silencio. No hay que hacer nada, ni saber nada.
Buen primer paso para quien no se atreve con la misa.
Ya sea que lleves años sin venir, vengas cada domingo o nunca hayas entrado: aquí hay un sitio para ti.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».
Nadie te va a pedir explicaciones. Elige lo que te ayude hoy.
La parroquia se sostiene con gente como tú. Aquí tienes por dónde seguir.
Si llevas años sin pisar una iglesia, si vienes con dudas, si no recuerdas cómo va una misa: bienvenido. Hay alguien al otro lado dispuesto a acompañarte sin prisa.

Soñamos con una parroquia donde nadie sea un desconocido: donde el que llega por primera vez encuentre un sitio, y el que lleva toda la vida encuentre una misión. No es perfecto. Es real. Y no ha terminado.
Conocer nuestra visiónVen a acompañarnos. Y si te acuerdas de alguien mientras lees esto, invítale: casi todos llegamos así.
Una hora en silencio. No hay que hacer nada, ni saber nada.
Buen primer paso para quien no se atreve con la misa.
Cena, charla corta y conversación abierta. Sin compromiso.
Piensa en una persona y proponle venir contigo.
Alabanza, acción de gracias y oración por todo lo que pesa en el corazón.
Se entra y se sale libremente. Trae a quien quieras.
Música que acompaña el corazón antes de entrar por la puerta.
Existe para los que aún no han llegado. Si estás buscando, te esperamos este domingo. Y si ya eres de casa, hay alguien esperando que le invites.