Visión
Regalar a Dios Padre, por Jesucristo y en el Espíritu Santo, un mundo nuevo.
La primacía es de Cristo. Sin Él no podemos hacer nada. Con Él, queremos regalar a Dios Padre, por Jesucristo y en el Espíritu Santo, un mundo nuevo. Y lo hacemos entre gente muy distinta: de toda la vida y recién llegada.
Regalar a Dios Padre, por Jesucristo y en el Espíritu Santo, un mundo nuevo.
Edificar una comunidad cristiana de discípulos misioneros para hacer realidad el reino de Dios en el mundo.
Reconocer que sin Cristo no podemos hacer nada.
La fe que vivimos se nota en la cara.
Nos cuidamos, nos escuchamos, nos esperamos.
Diferentes carismas, un solo cuerpo.
Hacer lo que hacemos con cuidado, por Él y por los demás.
Iglesia en salida, no acomodada.
Es domingo. Al acercarse a la parroquia se ve vida en la plaza. Llegan caminando familias con niños, jóvenes, matrimonios, mayores. Se saludan por su nombre. Aquí nadie es un desconocido.
Un hombre entra despacio y se sienta al final. Hace años que no pisa una iglesia. No sabe muy bien por qué ha venido. Pero alguien le invitó.
La iglesia se llena. Hay muchos rostros nuevos: algunos llegaron por Alpha, otros empezaron de niños en el oratorio, otros vinieron buscando ayuda y encontraron algo más. La asamblea canta. La Palabra se proclama con sencillez. Y en un momento de silencio, aquel hombre baja la cabeza y en su interior nace una frase: «aquí puedo volver a empezar».
La Eucaristía termina y nadie tiene prisa, porque han encontrado un hogar. En el patio empieza el café. Alguien se acerca a ese hombre, le sonríe, le pregunta su nombre y le invita a volver.
No es perfecto, pero es real. Los jóvenes no solo participan: lideran. Las familias no solo vienen: se sostienen. Los más frágiles no son un número: tienen nombre y alguien que camina con ellos. Y la parroquia no se queda dentro: sale.
Esta parroquia no existe para sí misma: existe para los que aún no han llegado. Esto no es la meta: es solo el comienzo. Y hoy, también a ti, te invita a formar parte.
Cada equipo de la parroquia sirve en una de estas cinco áreas. Todas se necesitan.
Anunciar a Cristo a quien todavía no lo conoce o lo ha olvidado.
Cuidar la Eucaristía y toda la vida sacramental como fuente y cumbre.
Acompañar a matrimonios y familias, y crear hogar dentro de la parroquia.
Formar seguidores de Jesús: niños, jóvenes, adultos.
Amar en obras: dentro y fuera de la parroquia.